- Las tragedias purgan las de los espectadores, descubrió Aristóteles, las imágenes se han instalado en nuestras vidas, no tienen repercusiones sobre los sucesos en los que son captadas aunque pueden ser el pretexto, pero sí, y más de las que creemos y hasta de las que conocemos, sobre acontecimientos posteriores. Es la vida la que imita las imágenes, el consumismo de cosas, objetos, aparatos, marcas, experiencias, etc. ha sido consecuencia de su multiplicación a través de los medios de comunicación, pero la cosa no termina imitando las apariencias, también imitamos los comportamientos. El problema ahora es que hasta los ejemplos más deleznables tienen adeptos hasta habernos obligado a acostumbrarnos y soportar casi con desdén asesinos múltiples que no tienen nada que ver con los sofisticados relatos de 1 muerto para 1 refinado asesino armado de "razones", dicho con todas las reservas, perfectamente intercambiables como cromos también las víctimas, pero qué cromos, qué estampas. Los asesinatos de imagen son un nuevo móvil de crimen o de acto de violencia que añadir a los conocidos ^=>